martes, 22 de febrero de 2011

De las aves y (mi) mañana...

Sí. Mi cabeza se resuelve en una jaula con muchos compartimientos. Por lo regular tiende a ser triste y sólo me limito a observar las distintas aves condenadas al silencio y su sepulcro. Justo en medio de este desconocido malestar se van acumulando gorgoritos en melancolía y colibríes atados de sus alas. Otros, no tan indiferentes al ingrato porvenir, se dedican a extender el pico y mordisquear apenas grave de la jaula. Todo es un intento para los muchos recuerdos, y el día que llegan a piar me hallo sumergida en lágrimas. No obstante, ante la marea de ese océano me preocupo más por mantener cerradas las puertas y bien sometidas las alas. Puedo naufragar y hundirme, sé que no he de ahogarme por entero sin saber realmente porqué... un paso a ciegas (como todo en esta vida) me lo dice. Eso suele ser mi cabeza, por no decir vida. Aun me pregunto si podría mantener una vida plena carente de cabeza. Y qué decir de mi corazón, cómo culparlo. Si en algo creo es que sería más efectiva sin cabeza, un poco de vida y un corazón íntegro. ¿Pero por qué aves... recuerdos? a veces me hacen más daño del que quisiera, y no los puedo dejar ir. Tal vez no he me dado cuenta que a lo igual que ellos soy una jaula, y mi corazón se multiplica en muchos pedazos. Ocasionalmente los doy de buena fe, cada uno de ellos. Pero cuando quisiera gritar ya no sé (Sí.) si arrojo todo y me quedo atascada mordisqueando de la jaula, atada de manos y con las puertas cerradas. Por ignorarlo, hoy no sé si mis palpitaciones van muriendo de poco a poco justo en medio de este desconocido malestar lleno de aves que se desangran. Mañana sí, algún mañana se hallarán libres y sin ninguna herida. Y yo... guardando lo último que me queda para entonces.

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