lunes, 28 de febrero de 2011

De luces y caídas

Un tropiezo tras otro se sucede aquí. Pero si fueran caídas concretas y no miedo que fluye desde muy adentro... infelices suspiros que conservan su extinción en el aire y con los cuales me termino en su compañía (terrible modestia) de poco a poco... sería, tal vez, un poco distinto. Hacer el, los, muchos intentos cada que permanezco en una eterna espera para el golpe, por dármelo a tiempo y no dar cabida a los pensamientos y lágrimas. Al miedo. Porque todo es una pausa constante en que se van reprimiendo mis sentimientos y mente, mi ser. Cierta vez un buen amigo me enseñó a escribir hacia mí misma, a pesar de que aquello era enviado a su bandeja de entrada. Eso me provocó una extraña curiosidad, ya que él había optado por hacerlo antes de haberme inducido/enseñado lo anterior. Era tan grato leer su alma, dicho de otro modo, plasmada en letras... tan sencillo y ordinario como podía ser, confidencial. Pero, tener un blog (como este) sólo que visto por gente conocida entre sí, no es lo mismo. Lo que pasa aquí es que a veces quisiera escribir sin derramar un solo día lágrimas ni suspiros cuando no escriba para mí y, ocasionalmente, en caso contrario. Por eso que suelo tirar una y otra muralla para armarlas de nuevo, la destrucción (para error de muchos) revitaliza. Aprender a veces cuesta trabajo, necesito de estas paredes para asestarme los golpes o hacer más pronto y menos dolorosas las caídas. No quiero decir que me hallo ya recostada en el suelo y riéndome (de nuevo y al fin) de mi patetismo. Sólo... quiero empezar de y en otra forma. Y sí, casi con las mismas palabras. 

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