Si el tiempo no tuviese una pauta donde las cosas se consumieran en el vacío marcado por cada segundo, yaciendo el deseo herrumbado y apenas pueril en iracundo lecho de penas... Yo, sumisa aguardo como quien se abraza al suceso inasible, en el ensueño que oculta toda verdad y de entelequia se disfraza. No obstante, y sumando desventura al no dar poco entendimiento a la razón, la aprisionada memoria fluye, al desvanecerse en calma por los pasadizos del Cronos, que de lodo y piedras ha cubierto la salida de su iracundo templo cristalino. Cándida alma que en su necedad va perdiendo los pies y manos al escarbar los confines de esta tierra a cuya entrada no pidió cabida, va en búsqueda de aquel por quien cree se hizo el mundo y el brillo de sus ojos, la palpitez interior que nunca se detiene y acompaña en su silencio. Si esto fuera la eternidad sin fin de las cosas, premonición falsa que nunca llega y se pierde en los recuerdos que se esfuman, la vida resuelta en un instante entre tus brazos que hicieron su partida... de nuevo la viviría. Porque como hoy, me mantiene la esperanza.
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