Acabo de hablar con alguien sobre aquella vez que la pasé tan mal, de los sentidos despiertos de mamá al percibir toda esa nostalgia que sentía, tal vez por ser demasiado tonta. De cuando no era tan dudable que saliera de un hoyo para (refugiarme) en otro. Nadie sabe que solo tú estabas para escucharme y darme todo tu apoyo, que en ese entonces había un tú. Nos dedicamos a ser las sombras de la duda por algún tiempo, abrazar el deseo forastero e incesante. No sé cómo me soportabas. Debería serte concedido algún honor, simplemente no tuve un fascinante pasado ni tampoco mucha tolerancia al ser empalagosa y mimada. Chillona. Creo ya haberte dicho que despertaste en plenitud ese lado poco conocido. Si te hubiese advertido, ¿habrías escapado? Me temo que tampoco te di oportunidad, ahora que los días se han vuelto un tanto reveladores. Qué feliz estoy de contar en mi cabeza toda dicha y desdicha donde has estado, no importa cómo. Te amo.
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