jugamos a ser sombras en la casa. ¡Cómo se empequeñecía la magnitud de una persona entre esas anchas paredes! donde a través de las ventanas, buscábamos diversos paraísos en las nubes. Allí descubrimos la habilidad de poder decir cosas en el silencio, interpretar el chasquido inconsciente que rompe la extraña aflicción al tallar algún mueble con los dedos. Buscar a alguien cuando se está con alguien, transformar el ecosistema en un sueño. Así, de súbito llegó la noche, y en un abrazo se extinguió con tu recuerdo.
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