Estoy escuchando parte de las melodías que gracias a ti me hacen el día ya sea más agradable o nostálgico, pero siempre contigo detrás de sus notas. Y sí, como toda adicta a las costumbres, y sobre todo a la memoria, me remonto a esos días que no cambian los detalles para que resulten los de siempre: con café en mano y galletas (sólo falta que me escape a fumar rápidamente y me des muchos besos) y listo. Capricho cumplido y amor no me falta pese a la distancia. Qué malcriada me hiciste, y te lo agradezco porque has rehecho en buen momento mis días de extraña niñez. Eres un acordeón con el sonido de una guitarra, una flauta hecha tambor. De cualquier forma me gustas, no terminas de ser especial... Una taza verde llena de miel con café. Te quiero... y peor, te extraño. Me abrazaré a la música que me acompaña, mientras.
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