Anoche recordé la tarde que pasamos juntos, aquella en la que el tacto rompió fronteras a lo largo de las horas aferradas a tus brazos. Este recuerdo en especial, lo traigo porque nunca antes había sentido el deseo de que fueran perpetuos los atardeceres. Y estando en desvelo, llegó a mí el aroma de esa nostalgia. Extraño el refugio donde me sentía segura, sin importar qué tan prófugo pudiera ser. Sin saber, tal vez éramos un libro abierto que le era prohibido a los demás y que más tarde, en un abrir y cerrar de ojos, ya estábamos a su alcance. Ello empezó, probablemente con unas flores, un corazón robado y varios cafés, además de otros detalles. Casi podía revivir algunos instantes que me fueron felices. El día que más disfruté y me llenó de dicha fue sin duda mi cumpleaños. Te lo agradezco porque por ello estoy aquí... interrumpiéndome entre pensamientos que van de un momento más feliz a otro, hasta llegar a ti y volver a aferrarme tal como esas horas.

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