En un momento dado, llegué a sentir que la ciudad estaba en peste. Ciertamente, la idea se fue desvaneciendo de mi cabeza después de una semana sin atreverme a poner esas páginas frente a mis ojos. Esta cuestión del existencialismo sí le afecta a uno, y sin querer, en la vida diaria. Pero ahora que te lo pongan físicamente para agarrarnos de coscorrones, ya es una crueldad. Sí, algo se trata sobre la separación (y no por esto lo escogí, ciertamente leí cosas raras en este rato de ocio e ignorancia) de las personas cuando se llega a cerrar una ciudad de la cual ya nadie puede salir ni pasar, y que casualmente dos de los personajes sufren esta consecuencia al saber que sus parejas están fuera, y se quedan ahí viendo desgracia ajena y sufriendo la propia aun sin tener la enfermedad que les acoge. Detalles más o detalles menos, quedan un poco de más para la idea en este seguir de palabras. Qué manera extraña de decir "te extraño" ¿no? Culpemos a Albert. Toda la posible poesía se la quedó él. A seguirle... pues.
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